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impermanencia

Fué en un pueblo con mar...

Ella se olvidó del amor durante todo el invierno y toda la primavera. Su cuerpo no había recibido las caricias de otro hombre en todo ese tiempo, su cuerpo sólo sentía dolor.

No tenía ganas de hacer el amor con nadie solo a veces con ella misma a solas en su cuarto imaginando que unas manos de hombre vinieran a envolverla como a un tallito de rosa. Pero no le ponía cara a ese hombre, no sabía quien pudiera ser en un futuro cercano, cómo sería él, cómo sería su cuerpo, sus ojos, a que se dedicaría,  etc.

Fué después de venir de su viaje en agosto cuando una noche en un chiringuito cutre de playa conoció a alguien. Al principio no le echó mucha cuenta, es más mientras hablaba con él miraba a otro, pero este chico estaba ahí hablando con ella, diciéndole que quitara esa cara tan fea, invitándola a una coca cola, dándole palique en definitiva. Le hizo el juego del euro y el beso sin tocar los labios, ella aceptó, él le robó el beso y ella pensó _joder, ya van 3 con este que me roban un beso, ¿qué pasa este verano?-(no sabía ella a donde acabaría ese tercer beso robado). Él le devolvió el euro pues le había tocado los labios.Entonces el chico la invitó a un chupito grande, ella ya reía porque le hacia gracia la situación y entre confesiones él le confesó su profesión. Ajá pensó ella, osea que de biólogo nada de nada sino otra cosa totalmente diferente. En su inconsciente ya empezó a arder algo, esa cara dura de este chico al robarle el beso y esa profesión armada la incitaron a lo que vino después. En efecto, un baile aquí y otro allá y otro chupito grande hicieron que sus bocas ardieran en aquel escenario de playa y sal y casi la madera del chiringo cutre sale ardiendo. Se perdieron por la arena de la playa y fueron a enclavarse contra un servicio de playa cerrado, él le cogía las muñecas y no le dejaba hacer nada, la besaba con pasión, la empujaba con dulce movimiento de caderas, le levantaba el volante de florecitas del vestido Tommy Hilfiger, ella cedía y encontraba su lengua en la boca, la seguía, sólo él le dejaba encontrar su boca ya que le tenía las manos bien sujetas, ella ardía cada vez más, él estaba ya al rojo vivo, era química la de ellos, pura química. Acabaron los besos en la cama, ella solo le dejó dormir porque él no traía capotes. Él durmió mal ya que esta chica no le dejó ir hasta el final, de momento. Las noches posteriores tuvieron fin y principio, el cuarto ardió, los cuerpos empapados en sudor, la cama moviéndose al compás de las caderas, el aire suave del ventilador que no calmaba el calor, los gemidos, susurros y cachetazos en las nalgas que le daba él, el perfume de este chico que la embriagaba. Fué en un pueblo con mar después un viaje.

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